jueves, 13 de agosto de 2009

Muerte de la TV en PR

Desde pequeño me senté muchas horas frente a la televisión, en esos tiempos existía programación hecha en este país 100 por 35. Es una pena que ya no exista la televisión de antes.

Y no es que esté con la cantaleta de “todo tiempo pasado fue mejor”, se sabe que todas las cosas tienen su tiempo y su momento. Y se mira siempre hacia el futuro, pero por un momento vale la pena imaginar cuando teníamos programas hechos en este territorio y no teníamos que ver ahora tanta televisión conocida como “latas”.

En estos días que han muerto muchos de aquellos pilares de la televisión, que hasta cierran canales como fue el caso de TUTV Canales 6 y 3 pienso en la cantidad de programas que se hicieron en este país y que mucha gente disfrutó. Al paso de que también muchos subsistieron trabajando para esos medios. Cuando veía esos programas lo menos que imaginaría era que los mismos desaparecerían. Y como todo, había programas que eran una solemne porquería, porque lo eran, pero había otros que valían la pena.

Todo por el maldito “rating”, si no tiene niveles altos de audiencia ni anunciantes ese programa desaparece, aunque pongan en su lugar un programa enlatado que lo hacen sabe Dios dónde, y que tampoco tenga “rating”.

Fueron demasiadas las telenovelas filmadas y producidas aquí, vale mencionar algunas como Tanairí, Preciosa (ambas protagonizadas con Von Marie Méndez), Cadenas de amor con Daniel Lugo y Nydia Caro, Coralito con Sully Díaz y Salvador Pineda, y cómo olvidar la coproducción entre Puerto Rico y Venezuela de Diana Carolina protagonizada por Guillermo Dávila e Ivonne Goderich, esa telenovela fue un exitazo aquí.

En esa novela precisamente se dio a conocer la hoy actriz radicada en México, Adamari López. Todavía hasta me sé la canción del propio Dávila y con la que abría el culebrón de la noche: “Toda la luz que brilla es para los dos...”, y así seguía la letra. En mi casa nadie se perdía la historia de amor de la sufrida Diana Carolina.

De igual manera, Vivir para ti (1982-1983) con Camille Carrión y Pablo Alarcón como protagonistas resultó en tremendo éxito. Hasta llegué a ver El hijo de Ángela María con Johanna Rosaly, Braulio Castillo padre, Mona Marti, cuando en uno de los aniversarios de Telemundo la repitieron muchos años después de haberla transmitido. ¿Y quién de esa generación olvida a Cristina Bazán con la Rosaly?

Siempre me llamó la atención el mundo de la televisión, ese mundo de luces e historias inventadas. Había un programa de juegos A millón animado por Héctor Marcano y Sonia Noemí González y su pegajosa frase: ¡Pendiente, pendiente, pendiente! También hubo otros programas como Super sábados con juegos, música y artistas, animado al principio por Johanna Rosaly, Rolando Barral, Dagmar, Luis Antonio Cosme y al final tenía El cofre de los $1,000 que luego subió hasta los $3,000.

Los ganadores de las diferentes competencias de ese sábado participaban por ganarse al final los 3,000 dólares, pedían un número de llave y si abrían el cofre se llevaban el dinero. Se convirtió por años en el programa número uno de la televisión puertorriqueña. A veces comento estas vivencias entre gente menor que yo y se me quedan mirando como si fuera un extraterrestre, así son los tiempos, vienen unos y se van otros.

Tampoco olvido los tiempos de las vedettes como Iris Chacón y su competencia Charityn Goyco. Cada una tenía su estilo, así como los tiempos entre la guerra de Lucecita y Lissette, para efectos numéricos esos tiempos no los viví, no había nacido para ese entonces, pero por medio de la televisión me enteré de ese pasado glorioso. Y para añadir a la anécdota la gran boda de Chucho Avellanet con Lissette, que dio mucho de qué hablar aquí, hasta dicen que Lissette le quitó el novio a Lucecita y se lo llevó al altar en una suntuosa boda que se transmitió por televisión. La boda tampoco la vi, me la contaron.

Y si de transmisiones en vivo se trata hay que recordar el melodrama de la boda de oro del animador Héctor Marcano, quienes contrajeron nupcias en plena pantalla en la iglesia San José de Villa Caparra, en Guaynabo y luego emitieron la recepción en el Caribe Hilton. Previo al enlace mostraron los detalles del traje de la novia, la petición de mano y todos los asuntos triviales que mantuvieron a los espectadores en vilo. En un momento de la ceremonia, el sacerdote mandó a sacar a los fotógrafos del altar, porque eran demasiados y molestaban. Se vio cuando el padre les hizo un gesto de mala gana y si mal no recuerdo hasta lo dijo frente a los micrófonos. Todo eso se vio por la TV.

Llegó a existir comedia buena como El barrio cuatro calles y un personaje comiquísimo que se llamaba Super Pan, interpretado por el fallecido Pucho Fernández, y que presentaba un dueño de una panadería que tenía como rival al panadero de al frente interpretado por Miguel Ángel Álvarez. Y comedias como La pensión de doña Tere (con Norma Candal), Los García (Gladys Rodríguez y Tommy Muñiz), En casa de Juanma y Wiwi, Los Kakucómicos, Entrando por la cocina (con la sirvienta Altagracia, Tato el gruero y Guille) hasta programa de variedades como Noche de gala animado por Marisol Malaret, después por Déborah Carthy.

La programación infantil fue muy buena con el Tío Nobel, tenían los ejercicios musicales y como regalo a los ganadores jugos Frutsi, juguetes Hot Wheels y muñecas Barbie. Además estaban Pacheco, Sandra Zaiter que cuando cantaba era más entretenida y hasta Chícola más reciente.

Cómo no mencionar cuando el Papa vino a Puerto Rico, que desde mi casa observé el momento cuando aterrizó el avión y Juan Pablo II besó el suelo boricua. Recuerdo muchos mediodía cuando se transmitían las vistas de Cerro Maravilla y hasta el incendio del hotel Dupont Plaza en pleno 31 de diciembre, el desalojo de familias por parte de las autoridades en Villa Sin Miedo que lo observé en vivo, otro instante que conmovió el país fue el derrumbe del barrio Mameyes en Ponce. Jamás dejo de olvidar cuando asesinaron a Luis Vigoreaux padre y los artistas del canal haciendo una oración por la desaparición de él. Momentos que marcaron el curso del país y que no se repiten, pero que se conocieron gracias a la pantalla chica.

Tanta fue la admiración por la televisión que decidí estudiar comunicaciones en la UPR Río Piedras. Tuve la oportunidad de pasar por diferentes medios electrónicos, entre los que se encuentran Telemundo y el entonces Tele Once hoy convertido en Univisión Puerto Rico, cuyo eslogan dice: “Estás en casa”, pero que ahora uno no se siente en ninguna casa y se ha convertido en una retransmisora de la estación de la isla de Miami (como diría la modelo Maripily). No es por nada, pero aquí se hicieron mejores programas que esos que ahora transmiten y que nos espetan por boca y nariz.

Pues llegué a la televisión en el momento que ya escaseaban las producciones locales y venía mucho enlatado. Y si llegó lo enlatado, con eso llegó el apoderamiento de los nichos, cada producción halaba por su lado. Entonces quedaban muy pocos productores locales, se fueron las producciones de Paquito Cordero, las de don Tommy Muñiz, las de Luis Vigoreaux padre, que luego retomaron sus hijos.

Me parece que esos grandes pilares escasearon porque no dejaron entrar otros talentos con ganas de hacer televisión y que servirían para generar nuevas ideas y los patronos de las producciones del aquel entonces eran las mismas personas con su misma gente. Tengo como anécdota cuando trabajé en televisión, para que trabajaras en un canal o aceptaran ideas nuevas tenías que tener apellido de famoso o haber sido referido por alguien grande de la emisora. No son inventos, estos ojos lo vieron.

La decepción fue enorme, uno trae un concepto muy distinto de afuera en cuanto a hacer televisión e intentas proponer nuevas ideas para hacer algo diferente a lo que hay, pero es casi cuesta arriba que te las acepten, pero ahí vamos. Si traías un buen apellido o una buena referencia te podían valorar, de lo contrario eras cero. Por momentos era frustrante, pero cuando comenzaban a correr la grabación del programa el momento era emocionante. Así mismo fueron las condiciones que me tocó ver, trabajo de horas y horas malamente pagado, mientras otros se llevaban una millonada, los créditos y eran intocables.

Hay que reconocer la labor de esos pilares Vigoreaux, Muñiz, Cordero, que no se le quita en lo absoluto sus méritos, hicieron su labor en su momento. Y como buen cazador llegaron las multinacionales para quedarse con todo, reducir personal, salarios y con eso se afecta al mismo tiempo la calidad de lo que vemos. Hacer mucho con poco, es el lema de todo el país y parece que nos quedaremos con ese lema por buen tiempo. Prefiero no pensar años, ni décadas futuras.

Más adelante tuve la gratificante oportunidad de enseñar comunicaciones a nivel universitario por mi experiencia en los medios electrónicos, impresos y virtuales. Unos meses antes había recibido la mala noticia de que el medio de comunicación para el cual trabajaba se iba del país dejándonos cesantes a mí y a un grupo de gente muy bien cualificada en las filas del desempleo. Me llenó de alegría ver en la sala de clases a estudiantes deseosos de trabajar en las comunicaciones, como lo había sentido yo en un pasado, pese a mi reciente desencanto con las mismas, pero jamás lo dejé saber en clase. No era el foro pertinente y tampoco uno tiene que ser ave de mal agüero a jóvenes que quieren echar a este país hacia adelante. Su alegría me contagió, fue más lo que aprendí de ellos, que quizás lo que les pude enseñar. Ellos me enseñaron a ser mejor profesor y mejor persona.

Dentro de todo ese marco que puede parecer desolador o nostálgico, me da mucha alegría saber que en la actualidad algunos mis estudiantes se están destacando en diferentes medios de comunicación masivos, mientras que otros lamentablemente no lo están por diversas razones. Los que están dentro hacen una labor de primera, no tengo la más mínima duda, eran excelentes estudiantes y se destacaban mucho en clase por su iniciativa e interés.

Así que no puedo conformarme con creer que la televisión ha muerto, no ha muerto. El futuro nos dirá que nos traerá, con la esperanza de que nuevos tiempos vengan.